ESCENA 34
TÍTULO EN PANTALLA (en letras blancas sobre fondo negro, tipografía austera, como un edicto oficial):
EL PROCESO DE NOELIA
No es que el Estado no tiene conciencia, tiene maldad
Interior. Centro de Menores “Para Jóvenes de 25 Años y Peligrosos” – Día. La cámara avanza por un pasillo interminable, fluorescente, con baldosas que repiten el mismo patrón geométrico hasta el infinito, como en un sueño burocrático. Las paredes están cubiertas de carteles oficiales: “Protocolo de Protección Progresista Nº 47-B: Inclusión y Cuidado”. El aire huele a desinfectante y a algo más antiguo, a papel mojado y a miedo institucionalizado.
NOELIA (25 años, delgada, ojos hundidos, cabello revuelto, camiseta institucional demasiado grande) camina esposada entre dos funcionarios uniformados. Su rostro es una máscara de perplejidad kafkiana: no entiende el delito, pero ya sabe que existe. Detrás de ella, sus padres gritan en la puerta principal, pero sus voces se apagan como si las absorbiera un vacío administrativo.
PADRE DE NOELIA (fuera de campo, desesperado):
¡Es nuestra hija! ¡Solo tiene una enfermedad mental! ¡No es peligrosa!
FUNCIONARIO 1 (con voz monótona, leyendo de un formulario impreso en papel oficial):
Según el Protocolo de Protección Progresista, la menor de 25 años ha sido declarada en situación de riesgo por “inadaptación al entorno familiar progresista”. Se procede a su reubicación inmediata en centro especializado. Firma aquí. O no firme. Da igual. El Estado ya ha decidido.
Los padres son apartados por guardias con cara de piedra. La puerta se cierra con un clic metálico que suena definitivo.
Corte a: Interior. Dormitorio colectivo del centro – Noche.
La habitación es un cubículo gris con literas de metal. Cinco “residentes” (todos varones de entre 20 y 30 años, con miradas vacías de rutina institucional) rodean a Noelia. La luz es tenue, amarillenta. No hay música. Solo el zumbido de un fluorescente defectuoso.
RESIDENTE LÍDER (con sonrisa burocrática):
Bienvenida al programa de “inclusión total”, Noelia. Aquí el Estado te protege… de ti misma.
Lo que sigue es mecánico, colectivo, sin pasión. Como si cumplieran un trámite más del expediente. Noelia grita al principio. Luego solo gime. La cámara no se regodea; se aleja lentamente hacia el techo, como si el propio edificio se avergonzara pero no pudiera intervenir. Los Protocolos del Progresismo no contemplan interrupciones.
Corte brusco a: Exterior. Quinto piso del centro – Amanecer.
Noelia, con el cuerpo magullado y la mirada rota, trepa al alféizar de la ventana. Su enfermedad mental, ahora multiplicada por la humillación sistemática, la empuja. Salta.
Cámara lenta, casi documental. Cae. Impacto sordo contra el patio de hormigón. Huesos que crujen. Sangre que se extiende en forma de formulario oficial.
MÉDICO DEL CENTRO (llegando corriendo con carpeta en mano, sin alterar el tono):
Heridas graves. Fracturas múltiples. Lesión medular. Según el Protocolo de Eficiencia Progresista Nº 89-C, la paciente no está “capacitada” para decidir por sí misma. Recomendamos sustituir el costoso tratamiento psiquiátrico prolongado por… (consulta el formulario) eutanasia compasiva. Ahorro estimado: 187.450 euros anuales al contribuyente.
Corte a: Interior. Sala de decisiones del centro – Día. Luz fría.
PEDRO SAUNEZ (representando al Estado: traje impecable, sonrisa paternalista, sentado tras un escritorio enorme cubierto de sellos y expedientes. Su voz es calma, razonable, inevitable, como la del tribunal de Kafka) mira a Noelia, que yace en una camilla, semiinconsciente, intubada.
PEDRO SAUNEZ (con tono de quien explica lo obvio):
Noelia, querida. El Estado no es cruel. El Estado es eficiente. El tratamiento psiquiátrico serio es caro. La eutanasia, en cambio… es un derecho. Un acto de misericordia progresista. Además (baja la voz, casi confidencial), tu edad es ideal. 25 años. Órganos en perfecto estado. Ya tenemos lista la lista de espera. Corazones, hígados, córneas… todo según el Protocolo de Aprovechamiento Solidario Nº 12. No sufrirás más. Y ayudarás a otros. Es… inclusivo.
Noelia intenta mover los labios. Solo sale un gemido ahogado.
PEDRO SAUNEZ (firmando el documento con pluma de oro):
Firma aquí. O no firmes. El Estado ya ha decidido por ti. Es por tu bien. Y por el bien común.
La camilla es empujada hacia un pasillo blanco. En la pared, un cartel luminoso parpadea:
“PROGRESISMO: DONDE EL ESTADO TE CUIDA HASTA EL FINAL”
Fundido a negro. Se escucha el bip-bip de un monitor que se apaga lentamente.
VOZ EN OFF DE PEDRO SAUNEZ (eco burocrático, lejano):
El proceso ha concluido. Caso cerrado. Próxima víctima… perdón, próxima ciudadana.
Pantalla negra. Solo queda el título, que se mantiene unos segundos más:
No es que el Estado no tiene conciencia.
Tiene maldad.
Deja una respuesta